A lo largo de los últimos 25 años, he tenido el privilegio de trabajar con cientos de directores generales y equipos directivos en más de 40 países, y he visto cómo se repetía una historia similar: estrategias revolucionarias que no cumplen lo prometido. La causa más común no es que la tecnología no funcione. Ni porque el proceso fuera defectuoso. Sino porque se infravaloró, infrafinanció e infravaloró el aspecto humano del cambio.
La realidad es que la tecnología y los procesos producen resultados, pero los líderes producen resultados. Un nuevo sistema puede instalarse de la noche a la mañana, pero los resultados reales sólo se obtienen cuando las personas adoptan y mantienen nuevas formas ...